Aunque el Mundo Diga Que Ya Perdimos
Kazuhiko Nukumizu siempre creyó que, después de convertirse en escritor, al menos su propia vida tendría algo parecido a un argumento.
Pero la realidad nunca respeta los guiones.
A sus veinticinco años, Kazuhiko tiene una carrera exitosa, una vida estable y una relación de siete años con Tiara Basori, la mujer que ama y con quien imaginaba compartir el resto de su vida.
Hasta que una noche, durante una cena bajo una tormenta, Tiara rechaza su propuesta de matrimonio.
No porque haya dejado de amarlo.
Sino porque ha aceptado un puesto en Estados Unidos que la obligará a marcharse durante diez años.
Miles de kilómetros.
Un océano entero entre ellos.
Incapaz de aceptar que la historia que había imaginado para su vida acaba de cambiar sin pedirle permiso, Kazuhiko desaparece durante una semana.
Se aleja de sus amigos.
Ignora las llamadas de Kaju, Anna, Lemon y Komari.
Deja de escribir.
Y termina refugiándose en un lugar donde nadie debería encontrarlo.
Allí conoce a Kiyoko Nonomura.
Una mujer que también sabe lo que significa sentirse como un personaje secundario en la historia de alguien más.
Dos personas heridas.
Dos historias que parecían haber llegado a un callejón sin salida.
Dos náufragos que, en medio de una tormenta, descubren que quizá todavía pueden elegir hacia dónde remar.
Pero esconderse no puede durar para siempre.
Cuando Kaju y las demás finalmente encuentran a Kazuhiko, huir deja de ser una opción.
Ahora tendrá que enfrentarse a su familia, a sus amigos y a todos los sentimientos que intentó enterrar durante aquella semana.
Pero, sobre todo, tendrá que responder una pregunta que lleva demasiado tiempo evitando:
**¿Qué hace una persona cuando la vida destruye el final que había escrito para sí misma?**
Quizá perder no significa que la historia haya terminado.
Quizá algunas historias comienzan precisamente después de haberlo perdido todo.
Porque aunque el mundo diga que ya perdimos...
todavía nos