El set era un mundo propio. Todo olía a humedad, maquillaje y cables. Había voces por todas partes, gritos en walkie-talkies, luces que parpadeaban, cámaras en movimiento, y un café misteriosamente siempre frío. Y entonces la vio. Sentada en una silla plegable, con una chamarra enorme y un cuaderno en el regazo, estaba Bella Ramsey. Más alta de lo que Victoria imaginaba. Pelo castaño desordenado, postura relajada, mirada intensa. No como alguien que te observa por curiosidad, sino como quien analiza sin permiso. Como quien quiere saber quién eres antes de que hables.
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