Lilian se refugia cada semana en la calidez de la casa de su mejor amiga Fernanda. Y también de su corazón. Sólo apoyar el oído en el pecho de su amiga basta para que su mente se pierda en éxtasis. Un gesto inocente que para Lilian es un secreto que arde en su alma. Fernanda no sospecha nada extraño en esa costumbre, pero en el silencio de sus visitas Lilian se consume entre la dulzura de la amistad y la necesidad de un deseo inconfesable.
En la aparente inocencia de ese ritual, se filtra la proyección más íntima del autor: la fascinación por un anhelo que permanece oculto, a veces disfrazado de ingenuidad. Lilian es, en el fondo, un reflejo de esa obsesión que late con fuerza detrás de cada palabra escrita. Lilian es víctima del autor y también su autora material. Más que un relato pasional: una confesión.
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