Nadie te prepara para enamorarte de alguien inalcanzable.
Es como querer abrazar un cartel luminoso en la ruta: lo ves, te deslumbra, pero si te acercás demasiado, te quema.
Yo me llamo Verónica, tengo diecisiete años y un defecto: me enamoré de mi ídola.
Sí, esa mujer que aparece en todas partes, que llena estadios y que nunca se va a enterar de que existo.
O al menos eso creía.
Porque todo empezó con un mensaje, uno de esos que escribís sin pensar, convencida de que nunca lo van a leer.
Y sin embargo, ella lo leyó.
El resto... bueno, el resto parece una canción triste disfrazada de historia de amor.
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