Hanna no es la chica popular, ni la que siempre sonríe. Es la que camina con los audífonos puestos, mirando al suelo, mientras su mente le susurra cosas que nadie más escucha. En secundaria, los días se sienten eternos y los pensamientos, pesados. Pero justo cuando cree que todo seguirá igual, aparecen ellos: personas que la ven diferente, que la hacen sentir viva, confundida, deseada... y también rota.
Entre clases de matemáticas, mensajes que no se atrevió a enviar, y silencios compartidos en pasillos vacíos, Hanna descubre que el amor no siempre cura, pero sí revela. Que hay besos que duelen, abrazos que salvan, y despedidas que enseñan. Esta es la historia de sus primeros amores -los que la hicieron temblar, llorar, reír, y sobre todo, entender que incluso en medio del caos mental, hay espacio para la ternura.
Una novela que no idealiza, pero sí ilumina. Que habla de ansiedad, deseo, amistad y ese momento exacto en que dejamos de ser niños sin saberlo.
¿Quién dijo que un alma envuelta en tonos grises no podía ser amado por alguien con tonos brillantes?
Richard Lee es un policía disciplinado, brillante en su trabajo y devoto del orden. Su nueva misión: infiltrarse y descubir al mayor mafioso de Italia. Su estrategia: conquistar a su hija, Sally Jones.
Para Richard, enamorarla debería ser sencillo. Pero Sally no es la heredera mimada y prepotente que él imaginaba. Ella es un alma libre que vive entre el agua y los pinceles, deslizando su vida entre competencias de natación y explosiones de color en sus lienzos.
¿Sabe Sally quién es realmente su padre? Probablemente no. ¿Será Richard honesto con ella? No puede. Porque acercarse a ella es la única manera de alcanzar su objetivo...
En medio de acuarelas, luces y emociones inesperadas, Richard pronto descubrirá que la lógica y el control tienen poco poder frente a la intensidad de un huracán de brillantina que arrasa todo a su paso.