Francoise Galpin reconoció aquella emoción irascible desde el primer instante que lo desglosó con la mirada. Existían rastros innegables de sangre adornando cada tramo de las palmas del mayor.
Isaac no sabía compartir, solo poseer lo que yacía fuera de su alcance hasta que la muerte le arrebataba lo que era suyo por derecho.
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