El eco de los pasos sobre el piso brillante del estudio de entrenamiento y el reflejo de un espejo lleno de huellas eran testigos silenciosos de un sueño que apenas comenzaba. Cuatro chicas, provenientes de distintos rincones del mundo, se encontraban por primera vez, sin imaginar que sus vidas cambiarían para siempre.
Rosé había llegado desde Australia con una mezcla de emoción y miedo. Todo le parecía extraño: el idioma, las luces de la ciudad, la distancia de su hogar. Había noches en las que se sentía sola, dudando si alguna vez encajaría en aquel lugar desconocido.
Fue entonces cuando Jisoo apareció, con su sonrisa cálida y esa forma natural de hacer sentir bien a los demás. No necesitaban hablar el mismo idioma para entenderse; sus gestos, risas y miradas crearon un vínculo inmediato. Una tarde, mientras Rosé tocaba su guitarra en el salón de práctica, Jisoo se sentó a escucharla en silencio. Cada nota parecía hablar directamente a su corazón, y en ese instante comprendieron que no estaban solas: habían encontrado una amiga que las acompañaría en cada paso.
Entre ensayos, errores, risas torpes y confesiones nocturnas, Rosé y Jisoo descubrieron que podían confiar la una en la otra sin miedo. Esa conexión se convirtió en un refugio, una promesa silenciosa de apoyarse siempre, pase lo que pase.
Y así comenzó la historia de cuatro chicas destinadas a brillar juntas. No solo en los escenarios, sino también en la vida, aprendiendo que la verdadera melodía no está solo en las canciones, sino en las cuerdas del corazón
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