Hwang Hyunjin había aprendido, casi a golpes, que la piedad no era una virtud luminosa sino un velo demasiado delgado, incapaz de protegerlo de lo que se escondía en las grietas de su propia existencia. Cada vez que había cedido a la compasión, el gesto terminaba por devolvérsele como un recordatorio punzante de que incluso él podía quebrarse. Comprendió entonces que la piedad no era más que un eco incómodo, una melodía fuera de lugar que lo despojaba de la dureza con la que había aprendido a caminar entre sombras. Sabía que cada arranque de misericordia apagaba el fuego egoísta que lo sostenía, y que aferrarse a esa lección era lo único que le impedía repetir viejos errores. Pero la vida, caprichosa, había puesto una familia en su camino, un ancla cálida que también se transformaba en una prisión hecha de vulnerabilidad. Hyunjin lo sentía: ese nuevo lazo lo humanizaba y, al mismo tiempo, amenazaba con debilitar las defensas que tanto esfuerzo le había costado forjar. Y aun así, entre el miedo y la determinación, intuía que estaría dispuesto a sacrificarlo todo si ese sacrificio lo acercaba a la verdad que perseguía. © whoresung. © SEGUNDO LIBRO DE WALLS. prohibo copias y/o adaptaciones sin mi permiso.
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