
Nadie me discute. No aquí, no en este lugar donde las reglas no se escriben y, sin embargo, todos las obedecen. El internado respira conmigo; los pasillos saben mi paso, las luces se encienden cuando yo quiero ver, las puertas se cierran para mantener afuera lo que no debe entrar. Por eso, cuando anunciaron al nuevo, sonreí. Siempre sonrío cuando aparece algo que promete entretenimiento. Aunque esta vez, lo admito, la sonrisa me dolió un poco más de lo debido.All Rights Reserved