Nunca quise discípulos.
Mi único propósito era vigilar a mi hermano y mantener al resto del mundo lejos de mí.
Hasta que apareció él.
Un chico testarudo que no entiende la palabra "no", alguien dispuesto a seguirme incluso si lo arrastro al infierno. No sé nada de él... y tampoco me interesa, pero hay algo en él que me llama la atención y no puedo evitarlo...
Quizá aceptarlo como alumno sea mi peor error.
O tal vez... es lo correcto.
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