El pueblo donde viven Freen y Becky es pequeño, rodeado por acantilados y playas que rugen con cada tormenta. El muelle de madera es el lugar favorito de Freen: allí se sienta a escribir, con el mar golpeando abajo. La biblioteca, vieja pero acogedora, es el refugio silencioso donde ambas empezaron a acercarse. El colegio es estricto, con profesores severos y alumnos que repiten rumores como si fueran certezas. El clima marca el ritmo del pueblo: días soleados que parecen tranquilos, interrumpidos de repente por tormentas intensas que azotan la costa. Esas tormentas son casi un reflejo de lo que viven las protagonistas: calma, tensión, estallidos. La gente del pueblo es curiosa, chismosa y conservadora. Todos creen conocerse entre sí, pero detrás de las puertas cerradas abundan los secretos. Nada pasa desapercibido... y la llegada de Becky es el tema del momento.
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