No planeaba sentir nada.
No frente a las cámaras, no con todos mirando.
Pero bastó una sonrisa de Miranda, un "acepto" disfrazado de broma, para que todo en Domenico se tambaleara.
La amistad ya no parece suficiente.
Y ahora, entre juegos, confesiones y una cita pendiente... la pregunta es inevitable:
¿qué pasa cuando lo que nunca debía ocurrir empieza a sentirse inevitable?
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