Lo vi una vez y no pude dejar de dibujarlo. Su sonrisa tenía forma de corazón y sus ojos brillaban como si el mundo no doliera. Nunca supe su nombre... hasta que llegó a casa tomado de la mano de mi hermana. Guardé cada trazo, cada mirada robada, en un álbum que nunca pensó abrir. Esta es la historia de cómo me enamoré en silencio del único error que no quiero borrar.
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