Sus brazos se posaron sobre las rodillas, el garaje vacío y la lluvia jugando el mismo papel que un tubo de agua con cables atravesados. Dejó ir el suspiro más pesado que había dado en el día, recordando cada escena cual CD rayado.
Se desvanecía al igual que la brisa marina que chocaba a lo lejos, en aquel faro gigante y desolado. La llovizna ingresando y humedeciendo la ropa vieja de Navira. Y, sentada en el suelo con las manos tanto frías como vacías, dejó caer lágrimas que se confundían con gotas deslizadas desde su cabello oscuro.
-¿Ser tu amiga? -musitó quebrada, los ojos negros hechos perlas con escarcha helada.
Su espalda se reposó en el suelo, cerrando los ojos lentamente. Tembló cada sonrisa con Simón volando en su mente, con el viejo recuerdo de aquel fantasma exhausto y decepcionado.
No hay peor ciego que el que no quiere ver. Navira es una joven talentosa artista que ha vivido toda su corta vida en la costa, sabe poco y nada sobre lo que ocurre fuera de su pueblo. De casualidad, un hombre con fanatismo por viajar se cruza con ella en medio de un festejo tradicional de la zona y la protagonista le ofrece una habitación en su hogar para pasar los días.
Esto se vuelve rutina, cada veinte de cada mes, él regresa de sus misiones. Sin embargo, un día fatídico no se dan este hábito y comienza la historia de la joven donde el duelo consume cada sector de su mente como el fuego... cálido hasta que duele.
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