PROLOGO
Cuando una historia acaba, muchos creen que todo termina ahí; sin embargo, eso no es verdad. Por lo general, existen finales buenos, malos y neutrales, o aquellos que simplemente te advierten que la historia continuará.
En un balcón observamos a Izuku Midoriya. Sostiene una máscara mientras viste una armadura de aire medieval y una capa con capucha de color verde. Su rostro está marcado por las batallas: en el lado izquierdo resalta la cicatriz que obtuvo en el combate contra Shigaraki; en el derecho, una corrosión esmeralda marca su piel.
Por su mente desfilan los recuerdos de su madre y del día en que la enterró. Recuerda cómo conoció a su salvadora y cómo ella también lo abandonó. Rememora sus intentos de empezar de nuevo, solo para ver cómo ese ciclo cruel se repetía: amar, perder, destruir, volver a empezar.
Al final, a punto de caer en la locura, encontró la respuesta. Era una solución que iba en contra de todo lo que significaba ser un héroe, pero, en nombre de la libertad, decidió tomar esa difícil decisión.
Izuku Midoriya se dirige ahora al lector, a la persona que ve el video o escucha estas palabras:
-El día que decidí tomar este camino, decidí abandonar el nombre de Izuku Midoriya. Es el único regalo que me queda de mi madre; todo lo demás fue quemado por aquellos que me dieron la espalda.
Izuku se pone la máscara y, con una voz mecánica, sentencia:
-De ahora en adelante, llámenme Doctor Doom.
Una historia jamás termina si aún existen enemigos contra los cuales luchar, incluso si el protagonista se convierte en el antagonista de este evento que destruirá el multiverso. Para cada mal, se levantará alguien para detenerlo: un héroe o una heroína.
Ellos deberán detenerlo antes de que llegue... el Día del Juicio Final.
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