El viento susurraba secretos en el jardín vacío, donde las flores se habían marchitado como su corazón. Sakura se arrodilló sobre la tierra fría, las lágrimas cayendo como lluvia sobre la tumba de Sasori. Su amigo de la infancia, su primer amor. La guerra contra Axias se lo había arrebatado, dejándola con un vacío que parecía imposible de llenar.
Pero en medio de su duelo, una sombra se cernía sobre ella. El duque de Seliana, Uchiha Sasuke. El hombre que había llegado tarde, dos años después del primer llamado. Si hubiera acudido a tiempo, Sasori estaría vivo. La culpa y el resentimiento se entrelazaban en su corazón, formando un nudo que parecía imposible de desatar.
Sakura se levantó, secándose las lágrimas con la manga de su vestido. Su mirada se endureció al pensar en Sasuke. Odiaba su nombre, odiaba su rostro, odiaba la forma en que la miraba con ojos amables. Pero la vida había dado un giro inesperado, y ahora era su esposa.
La ironía era cruel.
El carruaje lujoso la esperaba, listo para llevarla a Seliana. Sakura subió, sintiendo el peso de su destino sobre sus hombros. La oscuridad de la noche se cernía sobre ella, pero en su corazón ardía una llama de determinación. Enfrentaría a Sasuke, enfrentaría su destino, y encontraría la forma de hacerle pagar por su tardanza.
La venganza sería suya.
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