
En sus ojos descubre sombras que no mueren, cicatrices que no le pertenecen pero la hieren como propias. El simple eco de un nombre la desarma, llenándola de celos, ansiedad y noches en vela. Entre lágrimas y pensamientos que la traicionan, aprende que a veces la herida más profunda no está en los demás... sino en uno mismo.All Rights Reserved