
Podría resumir mi vida en tres palabras: falta de voluntad. No fue una caída. Fue una entrega. Las cosas que viví, las emociones que me rompieron, las decisiones que tomé... no fueron rebeldía. Fueron rendición. Me dejé moldear por expectativas ajenas, por sueños que no eran míos, por una idea de futuro que nunca entendí. Y cuando todo eso se quebró, me aferré a lo único que me hacía sentir algo: el poder. La adrenalina. Esa droga que me prometía escape, pero me cobró con dolor. No sé por qué lo hice. No sé en qué momento dejé de ser yo. Lo que sí sé es que el daño que causé no se borra. Ni con arrepentimiento. Herí a mi familia. A personas que no lo merecían. A mí mismo. Y aunque sé que no hay redención fácil, quiero contar esto. No para justificarme. Sino para que alguien, en algún rincón, sepa de todo esto.All Rights Reserved
1 part