mentiras
Hasta dónde uno llegaría por una mentira.
La frase revolvía en la cabeza de Sergio mientras ajustaba su traje azul marino, los dedos temblando ligeramente. Se sentía sofocado, molesto, triste - todo mezclado en un nudo que le apretaba el pecho. Sus padres habían vuelto a hacerlo: esta vez no solo una cita a ciegas, sino que la habían anunciado como un "encuentro especial" en la boda de su hermano, en medio de toda la familia y los invitados más cercanos.
Max Verstappen estaba sentado en el borde de la cama de su habitación, manos en los bolsillos, mirándolo con esa expresión seria que siempre usaba cuando pensaba en algo importante. Hombre de solo una noche, sin compromisos con nadie - Sergio nunca supo bien cómo se hicieron amigos, solo que un día el arquitecto rubio apareció en su vida y nunca se fue. Ahora, ese mismo hombre que evitaba cualquier tipo de lazos podría ser su único salvador.
- Ayúdame... - pidió en voz baja, sin atreverse a mirarlo a los ojos. - Solo el fin de semana. Nadie tiene por qué enterarse.
Max se puso de pie, se acercó un paso y luego se detuvo, como si hubiera topado con una pared invisible.
- No puedo fingir ser tu novio - confesó, su voz más grave de lo habitual.
Sergio sintió cómo se le helaba la sangre. ¿Por qué no? ¿Acaso su amistad no valía tanto como para ese pequeño favor? O quizás había algo más detrás de esa negativa que él no conocía...