Para sobrevivir a la tormenta, deberá convertirse en ella.
Adrika llega a la helada y opulenta corte de Morozova como una pieza más en el juego del poder: una princesa extranjera destinada a casarse con el temible y carismático Zar Pedro. Su matrimonio es un torbellino de pasión devoradora y crueldad infantil, un amor tan intenso como destructivo que la deja anhelando algo más que las migajas de afecto de un tirano.
Atrapada en una jaula de oro, Adrika se niega a marchitarse. En secreto, encuentra refugio en dos hombres que le ofrecen lo que el Emperador no puede: en los brazos de León, el hedonista melancólico, descubre una ternura que calma sus heridas; y en la mente de Orlo, el brillante consejero, encuentra un espejo para su alma intelectual.
Pero en una corte donde cada muro tiene oídos, los secretos son un lujo mortal. A medida que los celos de Pedro se convierten en una peligrosa obsesión, Adrika comprende que el amor no es suficiente para sobrevivir. Debe jugar un juego más grande. Un juego de poder, ingenio y seducción donde la única regla es ganar.
De la ceniza de un matrimonio caótico, forjará un imperio. Adrika no solo luchará por su vida, sino por el alma de una nación, desafiando a la iglesia, la superstición y la tiranía con ideas tan revolucionarias como sus deseos. Para reinar, no elegirá entre el monstruo, el guardián y el poeta. Los reclamará a todos y se alzará como la Emperatriz de la Tormenta.
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