La ciencia nació para salvar vidas.
Pero a veces, solo aprende a quitarlas.
En un apartamento sellado del mundo, un hombre decidió usar su propio cuerpo como respuesta. Profesor de biología y química. Padre. Científico desesperado. Quería crear piel nueva donde solo había cicatrices... y terminó convirtiéndose en algo que ya no podía respirar, ni hablar, ni vivir. La piel lo reclamó. Las ratas lo observaron. El virus despertó.
Cuando la sangre tocó el suelo, la ciudad ya estaba condenada.
Las ratas -alteradas, enfermas, casi radioactivas- no se quedaron encerradas.
El virus se propagó rápido, silencioso, hambriento.
Luego, en los corazones más débiles. No todos morirán igual. No todos amarán igual.
Un grupo de universitarios se verá obligado a abandonar la normalidad para enfrentarse a un mundo que sangra, grita y traiciona.
Entre cadáveres, decisiones imposibles, información incompleta, promesas que no sobrevivirán al amanecer y verdades que quiebran, nacerán vínculos demasiado intensos para este fin del mundo y una necesidad desesperada de protegerse entre ellos.
En medio del terror, el amor también muta: algunos no serán correspondidos, otros traicionarán... y algunos amarán demasiado. Porque cuando todo se derrumba, el amor no siempre salva.
A veces consume. Y cuando la muerte llega, el amor no se despide en silencio.
Esta no es una historia de héroes. Es una historia de obsesión, pérdida, cuerpos que fallan, ciencia que se pudre y amor que decide morir antes que continuar solo.
Habrá una cura?
Que pasara cuando se propague el virus?
Quién merece sobrevivir?
Qué tan lejos llegarías por no dejar ir a la persona que amas?
En donde se propagara más rápido?
Podrán sobrevivir todos juntos?
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