Los perros federales nos torcieron en la matada... Luego platico cómo.
Ahorita ando aquí, recluido, por muchos años, mientras sobreviva, porque salir de aquí, está cabrón.
Les pedí a los polis que me facilitaran unas cuantas hojas y un lápiz o una pluma, para escribir.
Tenía ganas de contar mi historia, como un diario, nada más para matar un poquito el tiempo, que aquí hay de a montones.
No estoy para hacer un libro de auto ayuda o uno de remordimiento y culpa, pidiendo perdón a la sociedad.
Tampoco quiero un conglomerado de mis maldades.
Uso esta oportunidad para distraerme y contar algunas cosas curiosas de mi prolífica vida (ja, ja, ja,).
All Rights Reserved