Nací como una extra en una novela que ya había llegado a su fin. Todos los protagonistas ya habían alcanzado sus respectivos finales felices. Sin ningún incidente que perturbara mi paz, vivía tranquilamente junto a mi abuelo hasta que, un buen día... De la nada, el protagonista masculino de la historia original vino a buscarme y se arrodilló ante mí. -¿...? ¿Pero qué está pasando? -Tú... -dijo él, con las pestañas temblando levemente mientras guardaba silencio. -Eres la hija de Mariette. ¡Tack! La corona de flores que sostenía se me resbaló de las manos. ¿Quién era Mariette? Era nada menos que la villana de la historia original, aquella que lo perdió todo y tuvo un final miserable. ¿Y ahora resulta que yo soy su hija? ¿Qué clase de locura es esta? Justo cuando estaba considerando seriamente si el protagonista se había vuelto loco tras el final de la novela, él dejó caer una lágrima con aire melancólico y añadió: -Y... también eres mi hija. -¡¿...Qué?! -Finalmente te encuentro. Pensar que no sabía que tenía una hija... Pequeña, la verdad es que yo soy tu pad-... En el preciso momento en que el protagonista continuaba con su discurso desgarrador... ¡¡Clang!! Una piedra salió volando de la nada y golpeó la nuca del protagonista con todas sus fuerzas. ¡Plaf! Tras el impacto, el hombre se desplomó de cara contra el suelo, inconsciente. -¡Maldito bastardo! ¡¿A quién crees que le estás poniendo la mano encima?! Entonces apareció mi abuelo, con el rostro rojo de furia, gritando a todo pulmón: -¡Animal desagradecido! ¡¿Cómo te atreves a venir aquí después de todo lo que mi hija sufrió por tu culpa?! ¡No tienes vergüenza! Me quedé mirando atónita al protagonista, que yacía con la cara enterrada en el lodo, y a mi abuelo, que ahora traía una piedra todavía más grande mientras resoplaba de rabia. Ese fue el momento en q
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