La devoción es una entrega profunda, sincera y constante. Al escuchar esa palabra, muchos podrían pensar que es un término religioso y no están del todo equivocados. Pero, ser devoto a una persona también involucra el mismo sentido de amor, admiración y respeto, es una manifestación sublime de entrega y compromiso que trasciende el afecto superficial y se convierte en un acto de profunda conexión emocional, mental y espiritual.
Ser devoto a alguien puede sonar romántico, especialmente cuando el sentimiento es correspondido. Pero, cuando no lo es, muchos comienzan a ver la devoción como un acto de sacrificio de la dignidad, como algo repudiable o enfermizo.
Pero desde el interior esta devoción no correspondida puede sentirse como una forma de resistencia, una esperanza inquebrantable de que, con el tiempo, sus actos serán reconocidos, y su amor, aceptado. Es un amor que persiste incluso frente al silencio, la indiferencia o el rechazo, alimentado por una mezcla de ilusión, obstinación y quizá la incapacidad de dejar ir lo que el corazón ha decidido amar.
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