Pomni recuerda a Abel no solo por lo que dijo, sino por lo que le costó decirlo. Él preguntó, insistió, buscó sentido... y por eso fue silenciado. Ella juró no repetir ese error, pero el silencio también es una forma de condena.
Jax, en cambio, sí ve el camino. No porque sea más valiente, sino porque aún no ha pagado el precio de intervenir. Tiene la oportunidad de torcer el destino de Pomni, de romper el ciclo antes de que se cierre sobre ella.
La verdadera pregunta no es si puede hacerlo, sino qué perdería si lo hace.
Si Jax actúa, deja de ser espectador y se convierte en culpable.
Si no lo hace, Pomni caminará hacia el mismo final que Abel... y Jax tendrá que vivir sabiendo que el silencio también fue una elección.
A veces el destino no cambia por falta de poder,
sino por miedo a hacerse responsable.
Portada: es mia, X en mi biografía ;)