Katsuki, el enigmático Sultán del majestuoso Imperio Rubí, es un hombre cuya sola presencia impone respeto y temor. Su mirada, tan intensa como el fuego del desierto, refleja tanto el poder de un gobernante como el tormento de un amante que lo ha perdido todo. Nadie puede descifrar completamente a Katsuki: es un líder justo pero implacable, un guerrero temido y, al mismo tiempo, un hombre profundamente marcado por el amor que siente por Izuku, su omega y único consuelo en un mundo lleno de intrigas y traiciones.
Katsuki e Izuku se amaban con una fuerza que desafiaba las leyes del palacio y las tradiciones del Imperio Rubí. Pero ese amor prohibido despertó la furia de Masaru Bakugo, el antiguo sultán y padre de Katsuki, quien veía en su hijo no a un hombre enamorado, sino al heredero de una dinastía que debía perpetuarse con descendencia pura. Movido por el orgullo y la ambición, Masaru desterró a Izuku del palacio, arrebatándolo de los brazos de su amado y entregándolo al Sultán Todoroki, gobernante del distante Palacio Fénix.
En aquel lugar dorado pero cruel, Izuku vivió un infierno silencioso. Todoroki, cegado por el deseo de poseer lo que no le pertenecía, convirtió a Izuku en su prisionero. Día tras día, el joven omega sufría abusos y humillaciones; obligado a ingerir yerbas abortivas que lo quebraban por dentro, Izuku soportaba su dolor en silencio, rezando bajo las estrellas que su amado Katsuki acudiera a rescatarlo.
Y Katsuki, atormentado por la ausencia y el eco del sufrimiento de Izuku, juró ante los dioses del desierto que ningún muro, ejército o decreto lo detendría. Reunió a sus mejores guerreros, ocultó su identidad bajo la sombra de la noche y emprendió una misión secreta hacia el corazón del Palacio Fénix. No como un sultán, sino como un hombre que va a recuperar lo que ama.
En los susurros del viento, en el rugido del fuego, se escucha su promesa:
"Te traeré de vuelta, Izuku. Aunque el mundo entero se oponga, n
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