Violeta tiene dieciocho años y demasiadas cicatrices para su edad. Huyó de un hogar que la destrozó y ahora sobrevive entre la adicción y el refugio precario que le ofrecen Denna y Alex, una pareja que la trata como a su propia familia.
Chiara, también de dieciocho, carga con otro tipo de peso: una madre vencida por la vida y una hermana mayor que la protege con uñas y dientes. Vive atrapada entre la rutina y la responsabilidad, pero se niega a perder la esperanza de un futuro distinto.
Cuando sus caminos se cruzan, ambas descubren un espejo incómodo: dos chicas quebradas que se atraen y se repelen, que se esconden y se buscan. Entre bibliotecas silenciosas, talleres de barrio y noches demasiado largas, lo que empieza como un vínculo negado se convierte en un refugio inesperado.
Esta no es una historia de amor perfecto, sino un retrato crudo y realista de la autodestrucción, la resiliencia y la posibilidad de sanar en compañía. Porque a veces, incluso en medio de la ruina, alguien puede sostenerte.
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