Dicen que el amor se acaba, que no es más que un reflejo químico en el cerebro, algo que el tiempo termina por borrar. Pero si eso fuera cierto, ¿por qué sigo esperándolo? ¿Por qué, después de años, aún me sorprende buscar su voz entre la gente, como si en cualquier esquina pudiera aparecer riéndose de mí?
Él se fue... y con él se fue todo lo que me hacía sentir vivo. La casa sigue igual: el mismo olor a café quemado, los platos mal lavados, el cigarro a medio apagar en el cenicero. Pero nada tiene sentido si él no está.
Dicen que uno aprende a vivir con la pérdida, que el dolor se vuelve parte de uno. Tal vez tengan razón.
A veces creo escuchar sus pasos por el pasillo, o el sonido de su voz llamándome idiota desde la cocina. Y en esos momentos... prefiero no abrir los ojos. Porque sé que si lo hago, no habrá nadie ahí.
Dicen que el amor no se acaba, pero el mio ,
se fue con él.
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