Jinshi fue arrancado del Barrio Rojo por una razón simple: su rostro valía más que su voluntad. Ante la elección de convertirse en esclavo o ingresar al ejército, eligió el camino que le permitía conservar su virilidad. Durante su entrenamiento, un alto estratega militar fija su atención en él y le asigna una nueva función: convertirse en el cuidador personal de su hija, una concubina de bajo rango instalada en el Pabellón de Diamantes por conveniencia política. En un palacio donde los cuerpos son moneda y las emociones un riesgo, Jinshi deberá decidir si mantenerse intacto significa solo obedecer... o también aprender a no sentir. Porque hay pensamientos que, una vez aparecen, ya no pueden deshacerse tan fácilmente.
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