Tanjiro nunca imaginó que amar podía doler de esa manera.
Muichiro Tokito siempre fue un misterio: tranquilo, sereno, casi imposible de descifrar. Al principio, esa calma lo fascinaba, pero con el tiempo empezó a ver las grietas detrás, las noches sin sueño, los días que parecían no pesarle a nadie más que a él.
Hay heridas que ni el amor puede cerrar.
A veces, por más que uno se quede, el otro ya está lejos. Tanjiro lo aprendió entre silencios y promesas rotas, entre los intentos torpes de mantener viva una luz que se apagaba poco a poco.
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