Bajo el cómputo del calendario juliano y la luz imposible de una luna púrpura, nace un príncipe condenado: Albafica, heredero de un linaje donde la belleza florece envenenada y el silencio se confunde con sentencia. Su reino es un jardín marchito, adornado con rosas que matan al tocarlas, y su destino, un camino trazado por la soledad y la fragancia de la muerte.
Entre corredores sombríos y salones donde las velas arden como lamentos, irrumpe la figura insolente de Manigoldo, bufón de lengua afilada y risa sacrílega, que convierte el veneno en juego y la condena en compañía. En su insensata cercanía nace un vínculo prohibido, sellado con palabras de burla, carcajadas que desafían el abismo y un gesto que se convierte en pacto.
Se teje una historia de destino y réquiem, donde la tragedia acecha en cada pétalo, y la belleza se confunde con la ruina.