Blackwood
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WpMetadataNoticeDernière publication mer., nov. 5, 2025
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Fiction
Fantastique
En el pueblo de Blackwood, el apellido Warren no inspira respeto, sino miedo. Proclamando el pueblo como suyo, juran protección contras las sombras del bosque. Forjados por un poder comandando a las criaturas conocidas como los Wolf Grove; feroces y sedientas bestias despojadas de su humanidad. Su existencia es un ciclo de entretenimiento, servicio y encierro, hasta que el día en que Alastor Warren, el joven y frío heredero de la familia, regresa a la mansión para tomar su lugar. Con los peligros acercándose, Alastor no tiene otra opción. Con un susurro deja escapar un nombre. Eloise, suena en sus labios como un trueno en un día despejado. Atrapados entre la tiranía de su familia y la creciente rebelión de las bestias que buscan su libertad, Alastor y Eloise descubren que un nombre no solo es una identidad, es un catalizador. puede ser la semilla de una revolución que libere a los Wolf Grove, o la chispa que incendie todo el bosque y los devore a ambos.
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La noche era clara cuando La Muerte Alada descendió de las montañas. Durante años, desde su juventud más tierna, se había ocultado en las altas cumbres, en el exilio. Una madre devota había alimentado al niño con la leche de su seno. De la caza y del cielo, de las sombras de la noche, había aprendido los sufrimientos. La esencia de la dominación y la guerra fluía por sus genes, por su sangre, por cada gota de rojo en sus venas. Y, antes incluso de su nacimiento, sus enemigos le temían. Le temían como se teme a la amenaza que no acaba de manifestarse, la que está pendiente en la luz de los días y en las medianoches, en de la sensación de un temblor en el aire; del sonido y el terror que trae la tierra; del miedo. Miedo a la muerte, a la venganza, encarnadas en él. En el día de su nacimiento, los chamanes habían predicho su llegada. Lo habían visto, en sueños, en el corazón de la pradera, entronizado en el fuego y la ira heredadas de sus ancestros. Todos temieron el día en el que bajó de la montaña, y lo vieron. Su propósito, lo conocían. Vino a por ella; la única mujer que podía interesarle. La única que tenía derecho a pedirle que pusiera fin a su exilio. La había visto sola, bañándose en el río, y la había deseado para sí. El recuerdo de ella había poblado sus días y sus noches, acompañándolo cuando nadie más podía escucharle.

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