El Gran Rojo, el Dragón del Apocalipsis, bostezó. No fue un acto físico, pues en la Brecha Dimensional, donde residía, los conceptos de "físico" y "espacio" eran apenas sugerencias. Fue un bostezo cósmico, la manifestación del hastío que sentía un ser cuyo concepto de eternidad se extendía más allá del tiempo conocido.
—Otro milenio, otro vacío. Aburrido —murmuró su conciencia, que se manifestaba como una serpiente infinita de escamas carmesí flotando entre galaxias que él mismo había, accidentalmente, moldeado con un simple aleteo.
Con una indiferencia casual, el Gran Rojo decidió probar un nuevo "vecindario". Sin necesidad de portales ni complicadas ecuaciones espaciales, su Idea de "estar en otro lugar" se impuso sobre la realidad. Su cuerpo cósmico se plegó sobre sí mismo, atravesando dimensiones como si fueran hojas finas de papel.
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