Estas son mis cartas no enviadas. Estas son las cicatrices que aprendí a nombrar... Porque hay palabras que nunca llegan. Sentimientos que se quedan atrapados entre el miedo y el silencio. Y cartas... que jamás fueron enviadas. A lo largo de 365 días, alguien escribe lo que nunca se atrevió a decir. Un año entero convertido en confesiones, recuerdos y despedidas que nunca ocurrieron... o que ocurrieron demasiado tarde. Enero comienza con dudas y ecos del pasado. Febrero arde entre el amor y el desamor. Marzo desordena todo lo que parecía claro. Abril respira nostalgia. Mayo deja entrar una esperanza frágil. Junio obliga a tomar decisiones. Julio se vuelve intensidad pura. Agosto pesa en soledad. Septiembre marca la distancia. Octubre se tiñe de oscuridad. Noviembre aprende a aceptar. Diciembre... cierra lo que nunca empezó. No son solo cartas. Son pensamientos escritos a las 3 de la madrugada. Son "te quise" que nunca se dijeron. Son despedidas que nunca se dieron en voz alta. Y quizá, entre todas ellas... encuentres una que también era para ti.
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