Regulus Black y el nuevo comienzo
Regulus Black solo podía contemplar, impotente, cómo la gran y respetable Casa Black se hundía en el olvido. Todo por lo que había luchado, todo aquello que alguna vez le llenó de orgullo, ahora se reducía a cenizas.
Sus padres habían muerto; su hermano, condenado de por vida en Azkaban. Bellatrix, a quien en otro tiempo admiró por su carácter fuerte y dominante, no era más que una víctima de la maldición de los Black: una mujer consumida por la locura y la devoción ciega al Señor Oscuro. Narcissa se había convertido en una marioneta de su esposo y del mismo amo tenebroso, mientras que Andrómeda, como Sirius y tantos otros, había sido expulsada de la familia.
Ahora solo quedaba una casa vacía, sostenida por los esfuerzos inútiles de Kreacher, que intentaba preservar los restos de un linaje muerto. ¿Para qué? Si ya no quedaba heredero alguno. El más cercano era Draco Malfoy, único hijo de Narcissa, pero ¿querría él cargar con un apellido maldito?
Los Black ya no eran la casa respetable de antaño. Su nombre estaba manchado, no por ser traidores de sangre... no. Irónicamente, por todo lo contrario. Lo que Regulus creyó que devolvería gloria y honor a su familia fue, en realidad, lo que terminó por destruirla.