La vida de una prostituta no es fácil. Ser trabajadora sexual te expone a más de un peligro. La mayoría no llega a los 37 años. Muchos son los casos en los que se encuentran muertas, son abusadas incluso asesinadas mientras vuelven a casa.
Pero no pasa nada.
Muchas veces ni sale en las noticias, ni siquiera la seguridad presta atención a este tipo de casos. "Era una trabajadora nocturna" son las únicas palabras que se necesitan para menospreciar la vida de una persona, de un ser humano.
Algunas tienen familia, tienen hijos, y viven de esto para darles un futuro mejor. Pero eso es irrelevante. Porque en este mundo, somos como la arena, la tierra, la suciedad que pisa el resto.
Da igual que desaparezca un grano más.
Siempre vas a encontrarte a otra en la vuelta de la esquina.
Nunca nadie levantaría un dedo para ayudar a alguien así, a una de ellas.
A mí.
Hasta que llegó el.
Es el sueño de muchas de nosotras encontrar a nuestro príncipe azul que nos saque de esta vida miserable. Nos regale una oportunidad.
Que nos haga libres.
Pero cuando el llegó, no vestía de azúl. Tenía un traje negro, como la oscuridad a la que sucumbias cuando mirabas sus ojos. Con manchas carmín.
Cómo el rastro de sangre que dejaba tras su paso.
Él no me ofreció libertad. Me ofreció una prisión diferente.
Una llena de locura, matanza y obsecion.
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