Hubo una era en que los dioses no moraban en los cielos, sino que caminaban entre los hombres. Un tiempo en que los truenos de la magia y el acero se confundían en el campo de batalla, y los reinos se alzaban sobre los restos de antiguas profecías.
En medio de ese mundo quebrado por la guerra y el temor, la Casa de El descendió del firmamento en una lluvia de fuego. De la nave caída entre los valles de Krypton Hollow, emergió el príncipe Kal-El, bendecido por la luz de los cielos. Su linaje era sagrado, y su poder, una señal tanto de esperanza como de amenaza. A su lado gobernaba la reina Martha y el rey Jor-El, quienes prometieron traer una nueva era de paz al continente. Pero ningún reino se edifica sin sombras.
En el oeste, tras las murallas ennegrecidas de Gotham, se alzaba Lord Bruce de la Casa Wayne, bastardo y caballero del trono de El. Criado como protector del joven príncipe, Bruce era un guerrero sin igual, marcado por la noche, más hombre que mito, más sombra que carne. Su lealtad era férrea, su alma, quebrada. Y aunque muchos lo creían un simple mortal, la sangre que corría por sus venas escondía secretos que podían destruir la corona que juró proteger.
Las profecías hablaban de una traición nacida del fuego y de la oscuridad;
de un ángel que caería del cielo, y de un caballero que lo haría arrodillarse.
Dos destinos entrelazados por la fe y la duda, por el deber y un lazo que ninguno comprendería del todo. Porque en un mundo donde el acero canta y la magia respira,
no hay enemigo más temido que aquel al que se ama en silencio.
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