Despertar dentro de una novela que leí sería un cliché... si no fuera porque terminé atrapado en el cuerpo del personaje más patético de toda la historia. ¿Perdonar infidelidades? ¿Aguantar humillaciones? ¡Por favor! Yo no soy él. Así que, lectores -sí, ustedes- vayan preparando sus palomitas porque esta vez no pienso seguir el guion. Si el destino quiso ponerme aquí, entonces yo voy a reescribir cada página. Bienvenidos a la versión corregida de esta historia... la mía.
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