Daniel está cansado. No de trabajar, ni de vivir solo. Está cansado de sentirse invisible, incluso entre su propia familia.
Una rutina sin ruido, sin sorpresas y sin nadie. Hasta que una tarde en la azotea encuentra a alguien que tampoco esperaba ser visto.
Eric no buscaba ayuda. Mucho menos alguien que le hablara. Pero a veces, un encuentro inesperado cambia más de lo que uno cree.
No hay promesas. No hay soluciones mágicas. Solo dos personas rotas, compartiendo silencios, chocolates y mensajes que podrían no significar nada... o tal vez todo.
Porque a veces, lo que empieza con un "¿qué estás haciendo?" puede terminar en una historia que no estaba planeada.
Una historia sin salvadores. Solo dos personas tratando de no rendirse.
All Rights Reserved