El sonido del piano llenaba la sala de practica chan, el mayor del grupo,estaba concentrado componiendo una nueva melodia. El lugar olía a café y esfuerzo,como cada noche en la que los chicos se quedaban hasta tarde preparando su debut.
Felix lo observaba en silencio,mientras movía los dedos al ritmo de la música. No entendía completamente la letra que chan murmuraba, pero sentía su mensaje.A su lado, Haneul practicaba una coreografía frente al espejo, su cabello cayendo sobre el rostro, su mirada intensa. Cada movimiento parecía una extensión de lo que sentía: pasión cansancio y un deseo profundo de ser comprendido.
-otra vez-dijo Haneul, repitiendo el mismo paso por décima vez.
-Descansa un poco-le sugirió felix sonriendo con esa dulzura que le nacía natural -. Te vas a caer de tanto girar.
Haneul lo miro, sudado y agotado, pero cuando vio los ojos brillantes de felix, no pudo evitar sonreír también.
fue en esos pequeños momentos cuando algo empezó a cambiar entre ellos. Lo que al principio era camaradería, poco a poco se volvió algo más intimo. Felix siempre encontraba la manera de hacerlo reír, incluso en los días más duros, y Haneul se descubría pensando en el más de lo que quisiera admitir
Con el paso de los meses, los cuatro se volvieron inseparables. Chan era como un hermano mayor que los cuidaba, y jinwoo, el menor, era la alegría del grupo: siempre riendo, siempre alentandolos. pero felix y Haneul compartía algo distinto, una conexión silenciosa, hecha de miradas y gestos que nadie más parecía notar.
Una noche, después de un ensayo interminable, el grupi decidió descansar en el techo del edificio. Las luces de Seúl brillaba como un mar de estrellas.
jinwoo se durmió apoyando a chan, que revisaba letras en su cuaderno. Felix y Haneul se quedaron un poco apartados, mirando el cielo.
-¿Alguna vez pensantes en rendirte?-pregunto felix con voz suave.
-muchas veces-respondio Haneul sin apartar la vista del horizon
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