Desde los tres años, aprendí que la vida no es solo color de rosa; crecer significa sobrevivir en un mundo donde tu sonrisa más infantil significaba burla; imagínate que a esa edad tan corta tuve que guardar mis heridas, sin intentar encontrar una respuesta o explicación al rechazo constante al que enfrenté. Entre las aulas y patios de mi escuela, incluso en mi propia casa pequeña, donde no cabía ni un alfiler, pero aún se sentía medio vacía, llegué a entender que no estaba luchando solo con el rechazo; también luchaba con la presión de encajar en moldes que no sentía míos. Cuando estaba por llegar a la mayoría de edad, construir un mundo donde solo yo estaba, pero...para terminar de construir, me inundé de preguntas, que sin duda eran más fuertes que las respuestas: ¿Quién soy?, ¿Por qué yo?, ¿Qué hice mal?, ¿Quién decide lo que debo ser? El peso de los prejuicios mezcladas con experiencias nuevas me llevaron a reconocerme y aceptarme, poco a poco...pero ¿Será posible que alguien logre ayudarme a darme cuenta? Probablemente las opiniones influyeron mucho en mi persona, tal vez demasiado, haciendo de esta una persona oscura, que no confiaba ni siquiera en su propia sombra, ¿será que reconozco al culpable? Podría ser que solo me encerré en un cascarón vacío y trato de mostrar lo que el resto quería? O acaso ¿Puedo buscarme para así poder crecer?
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