Cuando me mudé al borde del bosque, pensé que lo peor sería acostumbrarme al silencio. Pero el silencio... nunca estuvo vacío. Alguien me observa desde los árboles. Alguien que no debería existir. Y mientras más intento huir, más lo siento cerca. Entre la locura, el miedo, y algo que no quiero admitir, empiezo a entenderlo. No todo lo monstruoso nace sin razón. A veces, lo que más tememos... también nos entiende.
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