Taehyung heredó el nombre, el peso y la sombra de decisiones que no tomó, pero que tendría que cargar como propias. Jungkook, en cambio, recibió el eco de una vida alterada sin explicación alguna, marcada por ausencias que jamás supo nombrar.
Entre ambos, el amor crecería como una grieta: lento, inevitable, peligroso.
Cuando el jardín floreciera de nuevo, la verdad saldría a la superficie.
Y entonces, amar ya no sería una promesa, sino un riesgo.
Porque algunas herencias no se escriben en testamentos, sino en las personas que quedan atrás.
All Rights Reserved