Prólogo
Dicen que los cuentos de hadas enseñan a soñar, pero nadie te cuenta lo que pasa cuando el hechizo se acaba.
Cuando el príncipe deja de ser encantador y la princesa aprende a maquillarse los moretones.
Nos criaron con finales felices y besos mágicos, pero no hablaron de las madrugadas rotas, de los gritos detrás de las puertas cerradas, ni de los deseos que se pudren cuando la realidad te despierta sin aviso.
Yo también creí en ellos, ¿sabes? En las hadas, en los milagros, en la gente buena.
Hasta que descubrí que las hadas cobran por cada deseo, que los milagros tienen cláusulas,
y que la gente buena solo existe cuando alguien los está mirando.
Aquí no hay castillos, ni dragones, ni amor verdadero.
Solo humanos... con las manos sucias, la sonrisa ensayada y la esperanza vendida al mejor postor.
Así que sí, te contaré mi historia.
Pero prométeme algo: no cierres los ojos.
Porque los monstruos de mi cuento no viven bajo la cama.
Duermen al lado tuyo.
Jonás no juega al fútbol para ganar... juega para ser el mejor.
Comparado incluso con Sae Itoshi, su talento es innegable. Su estilo solitario y despiadado lo hace temido y odiado. Prefiere un hat-trick en la derrota que una asistencia en la victoria. Para él, el fútbol no es trabajo en equipo, es guerra de egos.
Después de ser relegado al banquillo en la semifinal nacional y abandonar a su equipo con palabras tan frías como certeras, Jonás encuentra una carta:
"Bienvenido a Blue Lock."