Dicen que el amor es suave.
Que son mariposas revoloteando en el estómago, manos temblorosas, miradas que se buscan.
Dicen que es dulce, paciente, casi celestial:
La promesa de cuidar, de sostener, de existir en la vida del otro sin dañarlo.
Pero también existe el hambre.
La mordida silenciosa.
El temblor urgente de querer acercarte tanto que las pieles se confunden.
El deseo irracional de poseer.
Y entonces uno se pregunta...
¿El amor era flores y sonrisas tímidas?
¿O era querer devorar?
Tomar al otro entre tus brazos, entre tus pensamientos, entre tus venas...
Hasta que no quede espacio para nadie más.
Porque amar también es hambre.
Hambre de presencia.
Hambre de memoria.
Hambre de alma.
Así que dime, ¿qué es una "media naranja"
sino el deseo de completarse,
aunque para ello debas comerte lo que falta?
Yo lo miré a él.
Y sentí ambas cosas a la vez:
La ternura que te hace temblar...
Y la locura que te hace querer arrancarte el corazón para ofrecérselo.
Y ellos...
no deberían existir.
Pero lo hicieron.
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