No debería pensar en ella fuera del consultorio. No debería recordar la forma en que evita mirarme... ni cómo, cuando finalmente lo hace, todo se vuelve demasiado claro. Sarada Uchiha no habla mucho. No pide ayuda. No parece necesitar a nadie. Y, sin embargo, hay algo en la manera en que se quiebra en silencio... que hace imposible ignorarla. Soy su psicólogo. Sé exactamente dónde están los límites. Sé cómo funcionan estas cosas. O debería saberlo. Porque hay momentos -breves, casi imperceptibles- en los que el aire cambia. En los que el espacio entre nosotros deja de sentirse seguro... y empieza a sentirse cercano. Demasiado cercano. No está pasando nada. Todavía. Pero hay algo ahí. Algo que crece en los silencios. En las pausas. En todo lo que ninguno de los dos dice. Y cuanto más intento mantener la distancia... más difícil se vuelve no cruzarla.
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