-Hay un carruaje infernal esperándolo -añadió Tentadora, rompiendo la tensión-. Vamos tarde para su traslado a la superficie.
-¿Superficie?
-La academia Zoo Phoenix. Empieza clases mañana. Es su deber mantener el perfil.
Ah, claro. Porque obvio que si reencarnas como un príncipe demoníaco adolescente con pelaje rojo y garras, lo lógico es que vayas a una academia mágica o algo así. ¿Quién escribió esto? ...¿Fui yo?
No dije nada más. Me dejé llevar. Subí al carruaje sin pelear. El interior era más cómodo de lo que esperaba, aunque olía a cuero viejo y canela quemada. Tentadora se sentó frente a mí. Styx al lado.
-¿Algo que deba saber? -pregunté, resignado.
-Todo está en el Manual del Príncipe -dijo Styx, entregándome un tomo más grueso que mi cabeza y encuadernado en piel que sospechosamente parecía respirar.
Suspiré.
Miré por la ventana. Lava cayendo en cascada, demonios caminando en filas, todo rojo, todo caliente. Y sin embargo... Había algo extrañamente familiar en ello. Como si lo hubiera escrito yo mismo.
Pero no sabía mi nombre verdadero. No sabía quién era antes.
Solo sabía esto: Algo no cuadra.
Y voy a descubrirlo, aunque tenga que sobrevivir a este infierno de vida real... con escoltas y un temario de clases.
¡
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