Tras el Gran Premio de México, Charles Leclerc permanece en el país y, guiado por Checo Pérez, descubre el significado del Día de Muertos. Inspirado por los sueños en los que vuelve a ver a Jules Bianchi, decide levantar un altar en su honor.
Entre flores, velas y recuerdos, Charles comprende que los lazos verdaderos no mueren... y que Jules sigue corriendo a su lado, en cada curva, en cada latido.
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Han pasado diez años desde que Jules Bianchi partió, y su luz sigue viva en la memoria de todos los que lo admiramos.
Esta historia fue escrita con profundo respeto y cariño, como un pequeño homenaje a su vida, a su legado y al amor que aún inspira en el corazón del automovilismo.
Porque Jules no se ha ido... él sigue siendo recordado, honrado y amado. DEP 🤍
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