-¿Ese es el novio de Miss Lou? -preguntó alguien, y de inmediato todos abrieron la boca, incrédulos. Frente a ellos, el alfa más intimidante del pueblo -y posiblemente su dueño no oficial- sostenía un enorme ramo de girasoles y se lo ofrecía a Miss Lou. Él sonrió, se puso de puntitas y le dio un beso suave. Un murmullo recorrió el grupo; los alumnos jadeaban, fascinados y aterrados. -No puede ser -susurró uno-. Ese alfa tiene cara de que podría matar a cualquiera... y a todo su árbol genealógico. Miss Lou es un sol... y él parece la noche. Entonces, el alfa hizo algo que no encajaba con su rostro serio ni con su reputación: sonrió. Pequeña, contenida... pero real. Los adolescentes se quedaron aún más confundidos. Hasta que Miss Lou volvió a sonreír, y en ese instante todo cobró sentido. Podías ser la noche más oscura, el hombre más rudo o el más feo del mundo; pero cuando Miss Lou orbitaba cerca de ti, era inevitable... caías. Te derretías como chocolate al sol. Y parece que Harry Styles -el empresario más poderoso e intimidante de este lado de Italia- no era la excepción. No cuando Miss Lou existía.
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