Dicen que la familia Gates murió entre el fuego y su propio veneno.
Pero hay maldiciones que ni el fuego puede consumir.
Ivy siempre supo que algo dentro de ella no pertenecía del todo al mundo de los vivos.
Criada entre secretos, plantas venenosas y viejas historias, heredó de su madre - la desaparecida Laurel Gates - un don que nadie más posee:
Puede escuchar a los muertos y obligarlos a obedecerla.
Cuando llega a Nevermore bajo una identidad falsa, su propósito es uno muy claro: vengar a los Gates.
Sabe que los Addams estuvieron detrás de la ruina de su familia, y su plan es tan sencillo como imposible: resucitar a Isaac Night - el dios caído que murió a manos de los Addams -, traerlo de vuelta con sus propios poderes y usarlo para destruirlos.
Pero entonces Ivy escucha una voz.
Una voz que no pertenece a ningún ser vivo.
Una voz que le promete poder, respuestas... y un propósito.
Isaac Night. El que quiso ser un dios y perdió todo por ello.
Lo que empieza como un pacto frío entre la venganza y la necromancia se convierte en algo que Ivy no se esperaba: Una obsesión que la consume por dentro.
Ivy deberá decidir si lo trae de vuelta para acabar con los Addams...
O si lo hace porque el silencio sin él le resulta insoportable.
Y cuando la carne y el alma vuelvan a encontrarse, descubrirán que la sed de venganza y el deseo pueden ser la misma cosa.
Porque a veces, querer a un muerto no es lo más peligroso.
Lo peligroso es cuando el muerto te quiere a ti
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